Estaba en un
estado depresivo, inquieto…con un espejo frente a mí.
Me sentía diferente, pestañeaba cada 30 segundos, solo podría percibir el correr de la sangre en mis arterias; solo me miraba fijamente: pacífica, inanimada…fría totalmente.
Cuando por
fin salí de aquel trance, me puse a observarme físicamente...algo había cambiado en mi. Se me ocurrió la idea que yo
podía ser feliz, sin importar lo que pasara.
Modificaría mi vida y empezaría a
vivirla como una persona normal…y para eso tendría que hacer cambios.
Busque las
tijeras más filosas que tenía...y comencé, primero cortando las puntas
abiertas.
Sin pensarlo, continúe con la mitad de mi cabello… seguía mirándome,
no me gustaba lo que veía…y no iba a parar hasta sentirme satisfecha conmigo.
Cuando lo
noté, quedaba la mitad de volumen del que tenía…y aun así no me gustaba mi imagen;
fue cuando empecé con las raíces, arrancando mechones de mi larga cabellera…me
dolió, aunque mi cara no lo demostró.
Carne al rojo vivo y sangre eran la decoración perfecta a mi cuadro.
Me quite las cejas, las pestañas..las uñas, para mí eran un desperdicio.
Todo era un escenario perfecto para mi belleza retorcida.
Paré hasta quitarme gran parte de culpa y dolor, apartando de mi gran parte de las memorias.
Es una lástima
que mi cuerpo lacerado lo pagara.
Estoy completa sin todas esas partes que me sobraban.
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algo turbio que siempre de ah caracterizado mas sin enbargo siento que la historia la conozco de algún lado aunque me canta mas el enfoque que pusiste me encanta como escribes, te amooo
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